Logrando el perdón

LO QUE ES EL PERDÓN

Perdón es la “acción de liberar a alguien de una obligación para contigo que es el resultado de una mala acción que te perjudico”.

El perdón, entonces, comprende tres elementos: una herida, una deuda que resulta de la herida y la cancelación o anulación de dicha deuda. Para que haya perdón estos tres elementos son esenciales.

Cuando las personas se niegan a perdonar a otras por algo malo que le han hecho lo que hacen es “retener” algo de esa persona. El mensaje que envía en esencia es este: si tu no me das lo que yo quiero no te doy lo que he tomado, es decir que con falta de perdón se está reteniendo cosas tales como el amor, la aceptación, el respeto, el servicio, la bondad, la paciencia o cualquier cosa que la persona valore.

Cuando una persona no perdona lo que dicen es esto: “Hasta que yo no sienta que me has pagado todo el mal que me has hecho, no te aceptare”. Si volvemos a la definición, podemos ver que el elemento que falta en este caso es el llamado cancelación de la deuda.

Las personas que se niegan a perdonar se niegan a cancelar la deuda.

La persona que tiene un espíritu que no perdona es siempre la que pierde, mucho más que aquel con quien esta disgustado. Esto es fácil de ver cuando observamos detenidamente las cosas que la gente retiene de aquellos que los han dañado u ofendido. La falta de perdón, por su propia naturaleza impide avanzar en el crecimiento espiritual.

Piensa en tu propia experiencia por un momento y reflexiona.

Cuando alguien te hirió, te perjudico o tomo algo que te pertenecía, haya sido un bien o una oportunidad. Inmediatamente después del incidente:

  • ¿Sentiste deseos de hacer algo bueno por la persona o pensaste tomar represalias?.

  • ¿Pensaste en contestar con gentileza o soltarle una ofensa?

  • ¿Sentiste deseos de ceder y aceptar la situación o quisiste luchar por tus deseos?

Lo más probable es que te identifiques con todas estas preguntas, pues son las respuestas normales cuando alguien nos hiere o saca ventaja de alguna situación.

Pero, si comparamos estas respuestas con lo que señala las Sagradas Escrituras comprenderás porque una respuesta impropia cuando nos hieren perjudica nuestro crecimiento espiritual.

“En cambio lo que el Espíritu produce es amor, alegría; paz, paciencia, amabilidad; bondad; fidelidad, humildad: y dominio propio.” Gálatas 5:22-23

En un sentido esta lista incluye todas las cosas que nosotros naturalmente deseamos retener de la gente que nos ha herido. Rara vez deseamos expresar nuestro amor a una persona que nos ha maltratado. En realidad, no tenemos ni alegría ni paz cuando nos han perjudicado. Generalmente no somos pacientes ni amables con las personas que nos han hecho mal.

Con mucha exactitud, la Biblia describe las respuestas de una persona que no perdona.

Es fácil ver lo que hacen quienes siguen los malos deseos: cometen inmoralidades sexuales, hacen cosas impuras y viciosas, adoran, ídolos y practican la brujería: Manteniendo odios, discordias y celos. Se enojan fácilmente causan rivalidades, divisiones y partidismo.

Son envidiosos, borrachos, glotones y otras cosas parecidas. Les advierto a ustedes, como ya antes lo he hecho, que los que así se portan no tendrán parte en el reino de ‘Dios.” Gálatas 5:19-21

Cuando una persona no perdona no puede caminar en una forma espiritual. Lo único que podemos hacer es caminar en los malos deseos. Las consecuencias de una vida así son devastadoras, y la Biblia dice con claridad lo que pasara:

“No se engañen ustedes: nadie puede burlarse de Dios. Lo que se siembra, se cosecha. ‘El que siembra la satisfacción de sus malos deseos, de sus malos deseos recogerá una cosecha de muerte. ‘El que siembra la satisfacción del Espíritu; del Espíritu recogerá una cosecha de vida eterna.” Gálatas 6:7-8

Razones por las cuales no se logra el perdón

Aquellas personas que no han captado el concepto del perdón, por la misma naturaleza de falta de perdón, pierden por lo siguiente:

  • En primer lugar por no expresar paciencia, amabilidad, bondad y humildad y todo lo demás no logran el perdón.

  • En segundo lugar vemos que la naturaleza destructiva de un espíritu que no perdona es tal que no se limita a una relación. El resentimiento y otros sentimientos negativos se vuelcan en otras relaciones. Desgraciadamente, la gente no se da cuenta cuando la hostilidad de una relación afecta su habilidad de llevarse bien con los demás.

  • La tercera razón por la cual una persona que no perdona pierde en la vida, está ligada a otros factores, por ejemplo, cuando se ha herido a una persona en alguna forma, ya sea en el matrimonio, negocios, amistades o en alguna otra relación, esta experimenta rechazo.

  • La cuarta razón por la cual una persona que no perdona puede devastar una vida. Mientras que la persona que no perdona, generalmente, espera que la otra persona haga restitución y así, se pierde mucho tiempo. Durante este tiempo, se desarrollan normas nuevas de comportamiento y procesos de pensamiento incorrectos y se dañan relaciones.

Aun después que se haya corregido esa actitud de perdonar, los efectos secundarios tardan años en solucionarse especialmente en la esfera de las relaciones.

En esta compleja situación de negarse a perdonar y esperar que se haga restitución, las personas dejan que su crecimiento personal y su desarrollo dependen de la decisión de alguien que no les agrada.

Dice:

“Si él se disculpa”
“Si ella vuelve a mi”
“Si él me vuelve a emplear” “Si ellos me invitan”

Estas personas juegan a la “espera”. Esperan que otros den el primer paso. Mientras tanto, le permiten a su espíritu no perdonador que teja lo que quiera en la tela que forma su vida.

Para reflexión:

A veces nuestro corazón parece de piedra. No podemos responder a las necesidades de los otros, aunque la razón nos dice que debemos hacerlo. El corazón herido, quebrantado, endurecido necesita ser sanado.

No basta sanar los malos recuerdos, necesitamos que Dios sane el corazón duro y herido. ¿Sabes tú lo que hay en tu corazón?

DAÑOS EMOCIONALES CUANDO NO HAY EL PERDÓN

Cuando una persona no perdona obtiene una doble dosis de frustración, sentimiento de fracaso, pérdida de confianza en sí mismo y sentimientos de desesperanza, porque no solo tiene serias batallas emocionales, sino que también enfrenta algunas de las mayores batallas espirituales en su vida.

Generalmente, en el afán de buscar culpables por sus sentimientos no es raro que culpe a Dios, lo que hace que su relación con su Padre Celestial se deteriore en forma creciente. Esto produce enormes sentimientos de culpa, lo cual hace que se aleje cada vez más de Dios.

Reconocer nuestros errores, ser perdonado y perdonarnos a nosotros mismos, son necesidades básicas. Vivir con culpa, y no encontrar el perdón ni perdonarse a sí mismo, es uno de los pesos más agobiantes que pueda afectar a una persona.

Cuando la alegría y la felicidad llenan nuestra mente y pensamientos, poseemos una facilidad para encontrar soluciones creativas ante los problemas que se nos presentan.

Sin embargo, cuando no nos sentimos bien nos acordamos más de los momentos amargos, del resentimiento y el dolor causado por alguien quien nos hirió o quizás no lleno nuestras expectativas, defraudándonos.

Semejantes sentimientos nos hacen disminuir las actividades positivas, destruir nuestra creatividad, retardar nuestro desarrollo personal y debilitarnos afectivamente. Lo que necesitamos se llama perdón. No perdonar a otros es solo una parte del problema que nos impide tener una autoestima adecuada; una parte es no confiar en el perdón de Dios y a la vez no poder perdonarnos a nosotros mismos.

El perdón nos calma, reconcilia y cura nuestras heridas emocionales y espirituales. Además de esta liberación, el perdón nos capacita para asumir el futuro con esperanza, optimismo, valor y una fe renovada. Dios es el autor del perdón. Podemos reconocer esta verdad en Jesucristo cuando enseño “Perdónanos el mal que hemos hecho, así como nosotros hemos perdonado a los que nos han hecho mal”. Estas palabras nos mueven a una profunda reflexión y cambio de actitud.

¿Estás consciente de que tu Padre celestial desea tener comunicación contigo? A lo mejor respondes ¿Pero tú no sabes lo que yo he hecho? No, no lo sé, pero una cosa si se. Lo que tú hayas hecho parece insignificante al lado del pecado de Adán y Eva. “Así, pues, por medio de un solo hombre entro el pecado en el mundo y trajo consigo la muerte y la muerte paso a todos porque todos pecaron” Romanos 5:12

Sin embargo, a pesar de eso, Dios se preocupó lo suficiente por Adán y Eva “Dios el Señor hizo ropa de pieles de animales para que el hombre y la mujer se vistieran” (Génesis 3:21) y así cubrir su desnudez y vergüenza.

Aunque su pecado no fue quitado, fue cubierto hasta que se pudiera hacer algo permanente. El sistema de sacrificios comenzó cuando se mató un animal para proveer la piel para vestir a Adán y Eva. Era un sistema que le permitiría a Dios y a su pueblo tener comunión otra vez. Si Dios estuvo dispuesto a restaurar la comunión con Adán y Eva rápidamente ¿tendría sentido que no hiciera lo mismo con nosotros? Y si el Padre Celestial estuvo dispuesto a actuar con tanta premura para restaurar la comunión con los pecadores ¡Cuánto más rápidamente deberíamos actuar nosotros para restaurar la comunión con las personas que nos han ofendido!

Un gran impedimento para experimentar el perdón de Dios es la indisposición de aceptar el marco de referencia de Dios en cuanto a nuestra conducta y a la incapacidad del individuo de hacer algo al respecto. Lo que algunas personas hacen es crear su propio sistema para alcanzar el perdón y quieren imponérselo a Dios. Y cuando llega el momento en que sus emociones están a tono con su manera de pensar, es casi imposible que puedan aceptar ninguna otra forma.

Generalmente, sus sistemas sustitutos desestiman las consecuencias, la conducta y sobre estiman su propia habilidad para remediar la situación.

Tal vez tú seas de esas personas. Pero piensa en una cosa:

Dios y solo Dios entienden la realidad de tu vida. Solo Dios entiende tu necesidad en términos de tu relación con él. Por tanto, dejando lo que tu mente y emociones te digan, y dejando de lado lo que te parezca bien o mal, el plan de perdón de Dios es el único plan en que se puede depositar la confianza.

Si buscamos el perdón de otra forma que no sea la de Dios, el resultado será desastroso. Pero si, desde la perspectiva de Dios, miras tu conducta y la provisión de Dios para tratar con él, experimentaras la libertad y la paz que viene al saber que has sido realmente perdonado.

No es suficiente tomar la decisión de tener una actitud positiva. Dios nos invita a centrar nuestros pensamientos en lo que Cristo nos ofrece y así ayudarnos a desarrollar una actitud positiva. Vemos las palabras del apóstol Pablo: “Piensen en todo lo verdadero, en Todo lo que es digno de respeto, en todo lo recto, en todo lo puro, en todo lo agradable, en todo lo que tiene buena fama. Piensen en todo lo que es bueno y merece alabanza” estas palabras nos dan los principios para desarrollar y mantener una actitud positiva “piensen en todo” esto significa trabajar deliberadamente y conscientemente para concentrarnos en las cosas constructivas de una situación, en vez de las cosas que nos hagan daño y dañen a nuestro prójimo.

Generalmente cuando no se perdona es porque se hace énfasis en ver todo lo negativo que pueda existir.

COMO LOGRAR EL PERDÓN

Indudablemente que perdonar es difícil, pero con buena voluntad todo se aprende. Seguidamente encontraras trece pasos o sugerencias que te ayudaran en este proceso.

  • Entiende que el perdón no es:

    1. Justificar, entender o explicar por qué la persona actuó hacia ti en la forma que lo hizo.

    2. Olvidarse de la ofensa y dejar que el tiempo se haga cargo de eso.

    3. Pedir a Dios que perdone a la persona que te ha ofendido.

    4. Pedir a Dios que te perdone por estar disgustado o resentido contra la persona que te ofendió.

    5. Negar que fuiste herido, porque después de todo, hay otros que han sufrido más que tú.

  • Entiende que a veces no es de sabios perdonar cara a cara. Eso tal vez haga que la persona se sienta “humillada” y te hace sentir a ti “muy santo”.

  • Escoge un lugar donde puedas estar solo.

  • Ora y pide al Espíritu Santo que te traiga a la mente todas las personas que debes perdonar y los hechos por los cuales necesitas perdonar.

  • Haz una lista de todas las cosas que el Espíritu Santo te traiga a la mente, aun cuando te parezcan triviales. No te precipites en este paso. Permite al Espíritu Santo todo el tiempo que necesita para hablar contigo.

  • Pon dos sillas, una frente a otra. Siéntate en una de ellas.

  • Imagínate que la primera persona en tu lista está sentada en la otra silla. Habla todo lo que puedas recordar que la persona ha hecho para herirte. No reprimas las lágrimas, ni las emociones que acompañan a las confesiones.

  • Escoge por un acto de voluntad, perdonar a esa persona recordando que Jesucristo te perdono. Puede ser que no te sientas que estas perdonando. Hazlo, y los sentimientos sugerirán después. Dios se hará cargo de eso. No dudes de que lo que has hecho es real y valido.

  • Libera a la persona de la deuda que tú crees que te debe por la ofensa. Dile “Eres libre y estas perdonado.”

  • Si la persona es parte de tu vida. Ahora es el momento de aceptarla sin quererle cambiar aspectos de la personalidad o del comportamiento.

  • Da gracias a Dios por usar a cada persona como instrumento en tu vida para profundizar el conocimiento de la gracia de Dios y por ayudarte a ser semejante a su Hijo.

  • Ora. He aquí una oración sugerida mientras “hablas” con cada persona. Porque Cristo me ha perdonado y aceptado, ahora yo puedo perdonar y aceptar a incondicionalmente, en Cristo. Yo decido ahora perdonar a… , no importa lo que me hizo. Lo libero de las heridas (toma tiempo en mencionar cada ofensa), y ya tú no eres responsable por ellas. Estas completamente libre.

  • Cuando hayas terminado de orar por las heridas que has sufrido, pronuncia esta oración de fe: Amado Dios, por fe recibo tu amor incondicional, y tu aceptación en lugar de esta herida, y confío en ti para que suplas mis necesidades. En el nombre de Jesús. Gracias. Amen.

Recuerda: la amargura tiene el poder de destruirnos espiritualmente. La persona llena de amargura es incapaz de llevarse bien con nadie, ni siquiera consigo misma.

Está llena de rabia e ira, no se perdona ni a si misma ni a los demás por errores pasados. Siempre provoca problemas arremetiendo contra los demás y acusándolos, en lugar de reconocer su propia contribución al problema.

No permitas que esto dificulte la obra que Dios quiere hacer en ti por medio de Su Espíritu Santo que trata con tu conciencia.

Dios quiere librarte del error de echar la culpa a otro y vivas feliz al perdonar y ser perdonado.

CITAS BÍBLICAS

  1. Gálatas 5: 22 – 23

  2. Gálatas 5: 19 – 21

  3. Gálatas 6: 7 – 8

  4. Mateo 6: 12

  5. Romanos 5: 12

  6. Génesis 3:21

  7. Filipenses 4:8

  8. Romanos 8:28

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